Lunes 21 de junio de 2021   
Programa de Diploma
 
DSLA - 139 años
       

La primera etapa del desarrollo del Colegio Alemán

El pequeño Colegio Alemán continuó desarrollándose con éxito: En 1883 se trasladó de una choza arrendada a una casa propia, aunque pequeña. Los inspectores del Gobierno chileno estaban sorprendidos por los logros del colegio, por lo que durante muchos años el colegio recibió una subvención del Estado chileno. En 1892, a diez años de su fundación, el profesor Möhrlen contrató a un segundo profesor, el Señor Müller, y luego a un tercero. Algunos años después la Corporación adquirió el inmueble ubicado en la esquina de las calles Villagrán y Colo Colo, al que se mudaron los alumnos 1896. En 1910 se amplió el edificio, agregándole un internado, pero posteriormente, a raíz del terremoto de 1960, sufrió graves daños en su infraestructura. De esta manera la colectividad chileno alemana tuvo que comenzar a pensar en la renovación del vetusto y dañado edificio, lo que fue tomando forma con la valiosa donación de las hermanas Adelaida y Elena Baier, descendientes de los primeros colonos: un amplio predio de varias hectáreas en la Avenida Gabriela Mistral.

Los planos del nuevo proyecto fueron elaborados por el arquitecto Otto Balze de Santiago y la construcción estuvo a cargo del Señor Erno Junge con sus maestros. El núcleo del actual edificio escolar fue creciendo paulatinamente, gracias a mucho esfuerzo y a donaciones de la comunidad y de Alemania, además de la venta del edificio antiguo. Sin embargo, cuando aún no estaba totalmente terminado el nuevo edificio, el gran temporal de 1965 dañó de tal manera el edificio antiguo, que no fue posible continuar con las clases. Fue necesario un rápido traslado: los dormitorios a medio terminar del futuro internado fueron habilitados como salas de clase, los alumnos internos se ubicaron por algunos meses en casas particulares, hasta que todo retomó su ritmo normal.

Para hacerle justicia a ambas confesiones - ya que entre los alemanes y sus descendientes también habían algunos católicos - se decidió no dar clases de Religión, sino “Lecciones de moral cristiana”, pero como esto no iba con las ideas del Director, éste optó por ofrecer, además, un culto evangélico luterano como "Escuela Dominical”, actividad que fue muy bien recibida y tuvo cada vez más participantes.


Los inicios del Colegio Alemán

Benjamin Möhrlen cuenta en sus cartas la situación de este incipiente colegio: "El 3 de julio de 1882 realicé mi primer día de clases con 23 alumnos, desde hoy son 31 y espero poder alcanzar la cifra de 40 niños. Le doy gracias a Dios por haberme dado este trabajo”. ¡Pero qué difícil es! La realidad del alumnado después de 20 años sin que hubiera un Colegio Alemán no es muy estimulante. "De mis 31 alumnos sólo 4 hablan y entienden sin problemas el alemán, otros 4 entienden algo. - Como los niños no tienen hábitos de estudio, es muy difícil enseñarles a leer y escribir, cuando apenas saben hablar bien.” El joven Profesor comenzó a realizar su trabajo con mucha energía e impetu y fue teniendo los primeros éxitos; tenía talento para la música, el deporte y los trabajos manuales. Aparte de la formación religiosa, su gran anhelo era lograr una buena educación para sus alumnos y que, de paso, recuperaran el idioma alemán. "El conocimiento del alemán va avanzando más rápido de lo que pensé en un principio, las clases de canto también han servido mucho para el aprendizaje del idioma. Con los niños estamos cantando a cuatro voces, siendo los arreglos normalmente de mi pluma", comenta en una de sus cartas.

En otra carta podemos ver la felicidad y el orgullo en la expresión "(Mi escuela es mi castillo!”, pero - como en todo orden de cosas - también hay problemas. Möhrlen registra, por ejemplo, "me produce dificultades que mis alumnos de la Colonia no vienen a la escuela cuando hay mucho trabajo en la casa. Incluso, hay algunos colonos que consideran que sus hijos ya han aprendido suficiente y que valoran más su mano de obra. A veces cuesta convencer a la gente que la educación es un bien de mucho valor.”

Gracias al constante contacto que Benjamin Möhrlen mantuvo siempre con su Academia en Alemania, le fue posible conseguir material didáctico donado por Alemania, así como también un armonio para su colegio y libros para los Colegios Alemanes de Temuco y Contulmo. Pero ello no lo llevó a formar un colegio exclusivo para los descendientes de alemanes; en el año 1886 escribe: "El Colegio Alemán actualmente tiene 61 alumnos, 42 son de ascendencia alemana o tirolesa, los demás se reparten en sangre suiza, bohemia, danesa, chilena, inglesa, francesa e italiana." Sobre su situación contractual escribe en 1888: "Hace dos semanas renové mi contrato en igualdad de condiciones”, y algunos años más tarde, en 1892, ya comienza a cosechar sus frutos y registra: "Después de la última Asamblea General el comité me expresó los agradecimientos de los miembros de la Sociedad.”

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Última actualización 16 de junio de 2021
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